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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Los mitos de la hipertensión


Seguro que a más de una persona, de las 15 millones que en nuestro país tienen hipertensión, le está remordiendo la conciencia por los abusos de estos días de fiesta y anda consultando sus cifras para ver si las comilonas se han traducido en algo más. La hipertensión, además de preocupar, sigue rodeada de mitos y falsas creencias que, en muchas ocasiones, impiden que pueda manejarse adecuadamente.
Para aclarar conceptos y ayudar a los pacientes en su día a día, la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA) ha editado una guía que pretende desterrar estos errores "que conllevan hábitos de vida inadecuadosy comprometen el control y el tratamiento de la enfermedad", tal y como explica Nieves Martell, presidenta de la SEH-LELHA.
A continuación, muestro alguno de los mitos que aparecen en el documento.
  • Lo importante es la mínima.
  • Antes se pensaba que la tensión diastólica era la única que exigía un control, pero hace años que se comprobó que también es fundamental mantener a raya la tensión sistólica -la alta-.
  • Cada vez que me tomo la tensión, cambia.
  • Las variaciones de tensión a lo largo del día son normales. Generalmente, la toma de presión arterial provoca una reacción de alerta que tiende a elevar las cifras. Eso disminuye si se repite la toma, por lo que se recomienda realizar más de una medición y descartar la primera.
  • 'Si estoy bien, no tengo que seguir con el tratamiento.
  • La hipertensión arterial es una enfermedad crónica en la gran mayoría de los casos. Si ha conseguido mantener a raya la tensión es por la medicación, por lo que, si deja de tomarlo, la tensión volverá a subir. Del mismo modo, disminuir la dosis por su cuenta también es peligrosísimo.
  • Como tomo pastillas, puedo tomar toda la sal que quiera.
  • La dieta baja en sal es aconsejable incluso en las peronas que no tienen problemas con la presión arterial. Por otro lado, la medicación es más efectiva si se toma poca sal.
  • 'No puedo tomar café'.
  • No está demostrado que el consumo habitual de café provoque hipertensión. Las recomendaciones, de hecho, aclaran que los hipertensos pueden tomar de una a tres tazas de café al día. Tampoco es cierto que el consumo de agua eleve la tensión. En cambio, sí es fundamental para mantener una adecuada hidratación.
  • 'No puedo tomar picante'
  • Tampoco tiene ningún fundamento la afirmación que asocia comida picante con tensión más alta. Más bien es al contrario, ya que algunos estudios han señalado que cantidades moderadas podrían ser beneficiosas por su efecto relajante en los vasos sanguíneos.
    Puedes acceder al artículo completo de SEH-LELHA pulsando en el siguiente enlace: MITOS EN HIPERTENSIÓN ARTERIAL.
    Fuente: elmundo.es

    viernes, 28 de septiembre de 2012

    El mito del huevo y el colesterol


    Hasta finales del siglo pasado se recomendaba limitar el consumo de huevos, por su alto contenido en colesterol, como una medida de prevención cardiovascular. En 1973, la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association, en inglés) recomendó limitar la ingesta de huevos a un máximo de tres por semana. Esta idea fue aceptada durante años por los responsables sanitarios, quienes a su vez la transmitieron a la población general.

    Los principales responsables dietéticos del aumento de los niveles de colesterol en sangre (y en particular del colesterol perjudicial, el LDL) son las grasas saturadas y las parcialmente hidrogenadas (también llamados ácidos grasos trans). Por ello, restringir el consumo de este tipo de grasas es más beneficioso para el perfil lipídico del plasma sanguíneo que reducir el colesterol de la dieta. Aunque la mayor parte de los alimentos ricos en colesterol suelen ser también ricos en grasas saturadas, el huevo no lo es. Un huevo de tamaño medio contiene unos 200 mg de colesterol, pero tiene más grasas insaturadas que saturadas y solo 70 calorías. Debido a su contenido en fosfolípidos, que interfieren en su absorción, este colesterol tiene muy poco efecto sobre el colesterol en sangre.

    La falsa creencia de que la ingesta de huevos podría aumentar el riesgo cardiovascular a través de su efecto sobre los niveles de colesterol plasmático, aún no universalmente desterrada, no tiene ningún soporte científico tras los resultados de numerosos estudios que, sin excepción, han demostrado de forma concluyente que la ingesta de un huevo al día no resulta perjudicial para el perfil lipídico sanguíneo ni aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular. Dos metaanálisis realizados sobre los resultados de 166 estudios clínicos así lo muestran.

    Las evidencias de que la ingesta moderada de huevos no incrementa el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares han inducido a las principales sociedades científicas a modificar sus recomendaciones dietéticas en relación al huevo. Así, la Asociación Americana del Corazón, ya en su revisión del año 2000 declara que «el colesterol procedente de los huevos no supone un riesgo añadido para padecer enfermedades cardiovasculares, permitiendo recomendar la toma de un huevo al día, en lugar de la recomendación previa, de hasta tres huevos a la semana».

    La ingesta de huevo no solo no parece incrementar el riesgo cardiovascular, sino que aumenta significativamente los niveles de luteína y zeaxantina en sangre, dos carotenoides que podrían impactar positivamente en el desarrollo de la arteriosclerosis. Además, el huevo es una fuente rica en proteínas de alto valor biológico, esenciales para configurar una dieta sana. Por tanto, y en el marco del patrón de alimentación saludable conocido como Dieta Mediterránea, la ingesta de huevos también puede contribuir a la prevención de la enfermedad cardiovascular, tanto por su aporte nutricional como por sustituir a otros alimentos con mayor contenido en grasas saturadas e hidrogenadas que provocan un aumento del riesgo cardiovascular.

    Tomado de: huevo.org.es

    miércoles, 27 de julio de 2011

    Mito: el pan engorda

    El pan al igual que el resto de los farináceos (cereales, pastas…) es rico en hidratos de carbono, el nutriente que necesitamos en mayor proporción constituyendo la base de la dieta mediterránea.

    La composición del pan es la misma por dentro que por fuera, por lo que si se quiere ingerir menos calorías se debe comer menos cantidad en vez de quitar una parte del pan (como la miga).

    Lo que aumenta las calorías del pan suele ser lo que le acompaña: mermeladas, mantequillas, salsas, embutidos…

    Lo que nos engorda es comer más de lo que gastamos, por ello es importante acompañar la dieta con ejercicio físico.

    Fuente: falsos mitos sobre la alimentación

    jueves, 3 de marzo de 2011

    ¿Se puede tomar zumo de naranja y leche en la misma comida?


    Muchas veces hemos escuchado "no tomes leche y zumo de naranja en la misma comida, se te cortará el estómago", pues bien aquí pretendo demostrar que esto es sólo un mito más y no hay problema en combinarlos.

    Si se echa zumo de naranja a la leche se verá que se producen cuajos, como consecuencia de la bajada del pH debido al ácido cítrico de la naranja. Eso hace pensar que en el estómago, si se toman a la vez el zumo de naranja y la leche, se formarán cuajos y muchos creen que ésto no puede ser saludable.


    En el estómago tenemos ácido clorhídrico, que es bastante más ácido que el de cítrico. Se formen cuajos o no, no hay ningún problema por ingerir en la misma comida ambos alimentos. Es un consejo absurdo separarlos.

    Fuente: tunutricionista.es

    jueves, 18 de noviembre de 2010

    Mitos pasados y presentes en la alimentación

    Es difícil de creer que muchas creencias pri­mitivas, más o menos modificadas, persistan todavía y sean defendidas por diferentes grupos, a pesar de haber sido claramente desautorizadas y desmentidas por los conocimientos científicos actuales en nutrición.


    Algunos ejemplos de los mitos o errores rela­cionados con la alimentación que se pueden encontrar en diversas culturas son los siguientes:

    • Los plátanos engordan, pero los plátanos y la leche adelgazan. (Si los plátanos engordan, éstos tomados con otro alimento todavía engor­darán más.)
    • Cuando se come menos, el estómago reduce su tamaño. (El tamaño del cuerpo y de los órganos depende del código genético, como es lógico; por tanto, el organismo no crece o decrece en función de si en un momento dado se come más o se co­me menos.)
    • Naranja y leche no deben consumirse jun­tas, porque “se corta” (se coagula) la leche. (La leche se coagula siempre que alcanza un medio áci­do; eso es lo que sucede, por ejemplo, cuando llega al estómago, y esto es imprescindible para su ade­cuada digestión.)
    • El queso, a pesar de sus grasas, es excelente para una dieta de adelgazamiento, porque contie­ne una cantidad enorme de proteínas. (Los quesos son muy distintos unos de otros pero, en general, un 75% de la energía total procede de la grasa y só­lo un 25% de la proteína.)
    • Pepinos y manzanas tienen “calorías negativas” porque exigen para su masticación y digestión más energía de la que el alimento proporciona.
    • El limón produce anemia: se come los glóbu­los rojos.
    • Las espinacas dan fuerza.
    • De lo que se come se cría.
    • Son mejores los huevos morenos que los blancos.
    • Las margarinas engordan menos que las mantequillas.
    • Se debe beber menos si se pretende perder peso.
    • La fragilidad de las uñas se debe a la falta de calcio.

    En general, cabe concluir que existe un sinnú­mero de factores que pueden influir sobre los hábitos alimentarios, tales como los factores cultura­les, religiosos, económicos, sociales y psicológicos entre otros.

    Bibliografía: GIL, A. Tratado de Nutrición. 3.16. Acción Médica. Madrid.